L a profunda debacle financiera (combinada con los números en rojo de la macroeconomía) que está devorando a Wall Street llevó al gobierno imperial de George W. Bush a abandonar sus postulados de "libre mercado" y anunciar un plan de salvataje estatal inédito, de las instituciones y bancos quebrados en el gran casino de la especulación global.
Este fin de semana la Casa Blanca le solicitó al Congreso US$700.000 millones para comprar carteras de activos "problemáticos", como parte de su plan para frenar lo que lo analistas ya llaman "la peor crisis financiera desde los años 30".
El Departamento del Tesoro envió el domingo al Congreso un documento en el cual solicita facultades más amplias para comprar activos a las instituciones financieras estadounidenses.
De acuerdo a lo que establece el borrador del paquete, las instituciones financieras con "operaciones significativas en EEUU" podrán vender o rematar sus deudas incobrables al fondo del Tesoro.
Las medidas generan -según la prensa norteamericana- un profundo escepticismo en el espectro político, con los conservadores, del lado republicano, objetando la "improvisación" del plan, y muchos demócratas preguntándose por qué ayudar a Wall Street en vez de ayudar a cuatro millones de personas cuyos hogares fueron embargados.
El Tesoro no reveló muchos "detalles" de su ambicioso plan de mega-rescate y no se sabe con precisión cual será el "costo final" de la medida emprendida para salvar al sistema financiero y cual será su impacto en la economía estructural de EEUU.
Para la oposición y la prensa norteamericana el detalle más importante está en saber cuánto es el total de la suma que pagará el Tesoro por los activos tóxicos de los bancos y cual es el impacto que tendrá sobre la economía y la sociedad estadounidenses.
El plan también choca con la guerra electoral desatada por el control de la Casa Blanca a definirse en las presidenciales de noviembre.
Este fin de semana, los demócratas en el Congreso advirtieron que únicamente respaldarán un plan de rescate si se toma en consideración no sólo los intereses de Wall Street y del sistema financiero global, sino también los de millones de norteamericanos afectados por las hipotecas subprime.
"La Administración de Bush no ha ofrecido ningún plan, tan sólo un concepto por el que se ha de pagar un precio impresionante,” criticó este domingo Barack Obama, el candidato demócrata a la Casa Blanca, en un mitin político en Carolina del Norte.
Obama y los demócratas consideran que el plan tiene que ir dirigido a proteger los intereses de la llamada ‘Main Street’, término que se emplea con frecuencia en EEUU para referirse a lo que le afecta al ciudadano norteamericano promedio, en contraposición a los intereses de la casta financiera de Wall Street.
El líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid, culpó por la crisis a las
políticas liberales de Bush, llamándolo a explicar mejor por qué se necesita un
plan tan amplio cuando faltan menos de seis semanas para una elección
presidencial.
"Los demócratas colaborarán con el gobierno para aprobar rápidamente el proyecto
de ley, pero insistirán en agregar medidas para proteger a los contribuyentes
y aumentar la regulación de la industria (financiera)", dijo la presidenta
de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi.
El sábado, el presidente
George W. Bush, defendió el plan argumentando que es mejor que aumente la carga
impositiva a que se pierdan trabajos y se reduzcan las pensiones.
"Más estrés en nuestros mercados financieros podrían causar una gran pérdida de
fuentes de trabajo, agotar las cuentas de pensiones, erosionar aún más el valor
de las propiedades, y acabar con los nuevos préstamos para comprar casas, autos
o para pagar por la educación".
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El presidente George Bush admitió el viernes que el peso del rescate de las deudas "tóxicas", es decir incobrables, caerá sobre los contribuyentes. |
Las dudas sobre el "costo final"
Si bien todavía no hay proyecciones precisas de cual será el "costo final" de lo que Bush y su gobierno denominan "gran plan" para rescatar a las entidades quebradas y "sanear" el sistema financiero imperial, hay una primera realidad a contabilizar.
Paulson, el secretario del Tesoro, dijo el viernes que la cifra sería de "cientos de miles de millones de dólares". Estoy convencido de que esta aproximación agresiva costará a las familias estadounidenses mucho menos que su alternativa", aseguró.
Para tener una dimensión de la cifra de US$ 700.000 millones solicitada para el primer tramo del plan, hay que señalar que la misma equivale a más un cuarto del presupuesto anual de EEUU, a 64 veces el PBI de Bolivia, a 23 veces el fondo anual que pide la FAO para sacar de la hambruna a mil millones de personas, y representa US$ 30.000 millones más que el costo de la guerra de Vietnam.
El viernes, el influyente senador republicano Richard Shelby se mostró preocupado por el costo del rescate que se volcará entre los ciudadanos y estimó que la cifra podría rondar US$ un billón (millón de millones).
Otros medios duplican la cifra del "plan general" de rescate, cuyas proyecciones podrían llegar a alcanzar el presupuesto anual de EEUU de US$ 3 billones.
Paulson pidió al Congreso que aprobase un incremento en la cantidad que el gobierno puede pedir hasta los US$11,3 billones (de US$10,6 billones) para cubrir el costo.
El proyecto estipula que el secretario del Tesoro tendría autoridad, previa consulta con el presidente de la Fed, Ben Bernanke, "para comprar otros activos, en la medida que lo sea necesario para estabilizar los mercados financieros".
Al mismo tiempo, para frenar el creciente pánico entre los inversionistas particulares, el Departamento del Tesoro planea ofrecer garantías que ascenderían a US$3,2 billones para los fondos mutuos del mercado monetario.
En el contexto de un déficit fiscal que, en 2009, ascendería a los US$500.000 millones, los números finales del súper-salvataje bancario de Bush dejan más dudas que certezas sobre el impacto que tendrán en la maltrecha economía imperial norteamericana.
A este costo deberán sumarse el impacto de corto plazo de los multimillonarios rescates de Bear Stearns Cos., Fannie, Freddie y AIG. Fannie Mae y Freddie Mac son pilares del mercado inmobiliario con más de US$5 billones (millones de millones) en créditos hipotecarios garantizados por el Estado norteamericano.
Tomando en cuenta toda la incertidumbre en torno a los rescates, "es como lanzar una moneda al aire", señala Robert Reischauer, ex director de la Oficina Presupuestaria del Congreso durante la crisis de las instituciones de ahorro y préstamo en los años 90.
Pero lo que más divide las aguas es el debate sobre el costo que la sociedad norteamericana deberá pagar por los "platos rotos" del festival especulativo privado con la "burbuja hipotecaria" colapsada.
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Equipo en crisis: Bush y detrás, desde la derecha, el presidente de la Comisión de Valores Christopher Cox, el secretario del Tesoro, Henry Paulson y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke el viernes 19 de septiembre. |
La estatización de la deuda privada
Hay un grupo de macroeconomistas que están advirtiendo que si el gobierno de EEUU (por medio del gran plan de rescate anunciado) se hace cargo de las deudas de las entidades quebradas por la especulación financiera, lo que va a conseguir es convertir una crisis del capitalismo financiero privado en una crisis estructural del Estado norteamericano.
Y hay punto de partida explicativo para esta afirmación: El Estado norteamericano no se maneja con el dinero de los inversionistas privados sino con el dinero cautivo de los contribuyentes que pagan impuestos en forma compulsiva.
Es decir, si el Gobierno federal se hace cargo de los "papeles quebrados" del sistema financiero privado, lo que estaría haciendo es transferir la deuda privada (producto del robo financiero sin respaldo) a las finanzas públicas alimentadas con la contribución de toda la población estadounidense.
La inyección de efectivo estatal en los mercados implica una "socialización de las perdidas" donde la crisis financiera de los privados termina siendo pagada por toda la población contribuyente.
Esto significa que los "platos rotos" dejados por la depredación financiera especulativa privada serán pagados sin excepción por el conjunto de la sociedad que paga impuestos.
En este escenario de "privatización de las ganancias (del macro-robo financiero) y de socialización de las perdidas (pagadas con los impuestos) sobresalen dos problemas centrales: El impacto del "costo fiscal" del rescate financiero en la economía estructural de EEUU, y el efecto del "costo social" del rescate financiero en el sistema de gobernabilidad del Imperio estadounidense.
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El impacto económico
En primer término, el monto billonario de la "inyección de liquidez" ya se perfila como un impacto mortal sobre una economía estructural en rojo como la de EEUU (a la que debe agregarse la europea).
En esta oportunidad -señala The Wall Street Journal-, las dudas abarcan el panorama económico y la potencial reacción del gobierno federal, los inversionistas internacionales y otros participantes.
"Evidentemente existe mucha más incertidumbre sobre quién va a venir a salvaguardar el sistema", dice Robert Reischauer, que actualmente preside el Urban Institute, un centro de estudios de Washington.
"Con las instituciones de ahorro y préstamos no había duda -el problema era cuándo íbamos a aceptar la realidad y frenar la hemorragia... Esta crisis podría ser peor debido a las ramificaciones internacionales, especialmente si los inversionistas internacionales deciden retirar su dinero de EEUU", añade Reischauer
El premio Nobel Joseph Stiglitz, dijo a la agencia EFE que "este es sólo el principio de la crisis" y que el plan no va a la raíz y es "insuficiente", pues en vez de ayudar a la gente común afectada por las hipotecas salva la deuda "tóxica" de los bancos.
"Esta huida hacia lo seguro ha cortado el crédito de muchos negocios, incluyendo el de los principales actores de la industria financiera, y eso, a su vez, nos conduce a nuevas grandes quiebras y más pánico. También está deprimiendo el gasto de las empresas, un mal asunto cuando las señales apuntan que la contracción económica se está agudizando", señala Paul Krugman, profesor de Economía en la Universidad de Princeton, refiriéndose al impacto del mega-salvataje financiero emprendido por la Casa Blanca.
"Temo que debemos esperar nuevas debilidades macroeconómicas, y probablemente persistirán durante todo 2009. Si a los economistas nos hubiesen dicho en 2007 lo dura que sería la tormenta perfecta de los mercados financieros que se ha producido de hecho en 2008, creo que habríamos predicho racionalmente una recesión económica global en Estados Unidos mucho peor de lo que ha sido hasta ahora", señala el emblemático e influyente analista Paul Samuelson.
La mayoría de los analistas proyectan un
Lo que incidirá en una mayor suba de precios y recorte del consumo (ya desatados), que se sumarán a los estragos de la crisis crediticia para potenciar el proceso inflacionario-recesivo en que se encuentran las economías de Europa y de EEUU.