Medios de comunicación: al servicio de la defensa de la democracia para ricos

Natalia Cruces
CHILE

Los medios de comunicación cumplen una importante función social, y han sido considerados tradicionalmente como formadores de opinión pública. La televisión, la prensa escrita, las radios, sirven para hacer política, ideología, para influir efectivamente en la opinión de las personas. Pero los medios de comunicación no son neutrales, al contrario, representan intereses claros, sus dueños son grandes empresarios, se alinean ya sea con la derecha o con la Concertación.

En el caso específico de las movilizaciones, ayudan a criminalizar las luchas, con titulares como "En allanamiento, Carabineros incautó material para bombas molotov en la USACh" (El Mercurio 29/03/07), donde se presentaron como "pruebas de materiales subversivos" que "Según Carabineros y Harboe se trataba de material para fabricar bombas molotov que serían usadas durante las protestas de hoy cuando se conmemoran 22 años del Día del Joven Combatiente" (Tercera 29/03/07). Los "materiales" correspondían a: botellas de cerveza y bebida, machetes de un grupo de música -encontrados además al lado de otros instrumentos musicales, y desechos químicos extraídos de… ¡la Facultad de Química de la diversidad! Pero para ver el alcance estas políticas, hasta el propio ministro del Interior, Felipe Harboe, participó del allanamiento. Apenas unas horas más tarde, la federación de estudiantes y el mismo rector se vieron obligados a denunciar el montaje. O la noticia acerca de un supuesto "bulto sospechoso" que estaba en la puerta del edificio de las FFAA, y que se hizo detonar cortando el tránsito, con todos los medios de prensa presentes, y que no era más que… "folletos de la carrera de ingeniería civil industrial de la Universidad Tecnológica Metropolitana" (Nación 30/03/07).

El titular de la Nación, de la denuncia del alcalde de Estación Central, Gustavo Hasbún, sobre la existencia de "paramilitares" en Villa Francia" (Nación 17/03/07), es otro botón de muestra. Se trata de generar un clima social de temor y miedo.

Pero los medios de comunicación de nuestro país tienen una larga historia de estar al servicio de los intereses de los patrones. Hoy en la democracia para ricos que defienden y administran la Concertación y la derecha, o ayer en dictadura, cuando fueron uno de los principales instrumentos de defensa de la política represiva y anti-obrera de Pinochet y sus colaboradores.

El llamado caso de los 119 u Operación Colombo

En Julio del año 1975, los medios gráficos chilenos comienzan a informar de la noticia del supuesto asesinato de militantes de izquierda por parte de sus propias organizaciones. La tercera, el Mercurio, La Segunda, Las Ultimas Noticias, publican titulares y notas sobre el tema, editados primero en una revista argentina llamada Lea, de una editorial propiedad de la dictadura de ese momento. La Segunda publicó el siguiente titular "Exterminan como ratas a miristas" y el resto de los diarios no se queda atrás. El Mercurio del 24 de Julio de 1975, planteaba "Los periodistas y políticos extranjeros que tantas veces se preguntaron por la suerte de estos miembros del Mir y culparon al gobierno chileno de la desaparición de muchos de ellos, tienen ahora la explicación que rehusaron aceptar. Víctimas de sus propios métodos, exterminados por sus propios camaradas, cada uno de ellos, señala con trágica elocuencia que los violentos acaban por caer víctimas del terror ciego e implacable que provocan y que, puestos en ese camino, ya nada ni nadie puede detenerlos", siendo cómplices, por lo tanto, de la política represiva de la dictadura. El llamado caso de los 119, fue un montaje organizado por la DINA junto a los organismos de represión de otros países de América Latina, participantes del plan Cóndor, por el cuál se buscaba tapar el asesinato y la desaparición sistemática que sucedía en este caso en nuestro país, haciendo pasar estos asesinatos como enfrentamientos internos de las organizaciones de izquierda. Esta es una terrible muestra de cómo la prensa no es independiente, objetiva, neutral, sino al contrario, está al lado del poder económico y político.

Poder económico y medios de comunicación Los Edwards (dueños de El Mercurio, La Segunda, bLas Ultimas Noticias y la mayoría de los diarios regionales) y los Saieh, dueños de COPESA, La Tercera, son los dueños de los dos grandes medios de comunicación que existen actualmente, ambos grupos colaboraron abiertamente con la dictadura, avalando sus políticas y ocultando sus crímenes, la tortura, el exilio, la muerte, la represión, teniendo además intereses económicos que defender, y viceversa, ya que los últimos meses de la dictadura, rescataron una deuda de El Mercurio para evitar posibles problemas económicos, lo miso habría ocurrido con La Tercera durante el gobierno de Aylwin. Las publicaciones como Rocinante, Plan B, Diario Siete, etc. han tenido que cerrar por problemas económicos, y esto porque no tienen casi avisadores, ya que éstos eligen a los medios que consideran más afines a sus ideas, en este caso, a los que se identifican más claramente con la derecha económica y política, y que reciben el 80% del total de la publicidad. Por ejemplo Mega, el canal del empresario Ricardo Claro tiene casi un 30% del total de la publicidad televisa, aunque sea el tercer canal más visto.

En cuanto a los diarios el grupo Edwards se lleva casi el 60% del total de la plata de avisos, y La Tercera un 20%. Similares son las cifras de la inversión estatal, un 50% para El Mercurio y su grupo, y La Tercera casi un 30%, una parte de estos dineros provienen de las Fuerzas Armadas.

Esto demuestra entonces que la política de la "libertad de prensa" es sólo una pantalla que oculta que los medios de comunicación son una de las instituciones más de la democracia para ricos, y que en realidad están al servicio de los intereses patronales, de defensa de la propiedad privada, para lo que no dudan en utilizar todo su poder para mentir, ocultar información, no informar, sino en función de estos intereses. Sólo podrá existir una verdadera libertad de prensa en una sociedad donde no existan explotados ni explotadores, donde se haya terminado con la propiedad privada, donde los grandes medios de comunicación ya no estén al servicio de los patrones.