¿Perdón y olvido?
Paul Krugman
Diario de los Andes
Barack Obama no parece dispuesto a investigar las irregularidades de la administración Bush, con lo que, de hecho, los gobernantes no enfrentarán consecuencia alguna, aunque abusen del poder.
El domingo pasado, le preguntaron al presidente electo de Estados
Unidos, Barack Obama, si buscaría una investigación sobre posibles
crímenes por parte de la administración Bush. "Yo no creo que nadie
esté por encima de la ley", respondió, pero "necesitamos ver hacia
delante en vez de mirar hacia atrás".
Lo siento, pero si no tenemos una averiguación sobre lo que ocurrió
durante los años de Bush -y casi todos han asumido que las
declaraciones de Obama equivalen a que no la tendremos- eso significa
que quienes tienen el poder de hecho están por encima de la ley, ya que
no enfrentan consecuencia alguna si abusan de su poder.
Seamos claros con respecto al tema que aquí abordamos. No solamente es
la tortura y el espionaje de comunicaciones, cuyos perpetradores
alegan, aunque de manera inadmisible, que ellos fueron patriotas
actuando en la defensa de la seguridad de la nación.
El hecho es que los abusos de la administración Bush se extendieron
desde la política ambiental hasta los derechos al voto. Además, la
mayoría de los abusos involucraron el uso del poder gubernamental para
recompensar a amigos políticos y castigar a enemigos políticos.
En el Departamento de Justicia, por ejemplo, nominados políticos reservaron ilegalmente
posiciones no políticas para "estadounidenses de pensamiento correcto"
-es su término, no el mío- y existe firme evidencia que funcionarios
utilizaron sus posiciones tanto para socavar la protección de los
derechos al voto de minorías como para perseguir a políticos
demócratas.
El proceso de contratación en el área de Justicia hizo eco del proceso
de contratación durante la ocupación de Irak -ocupación cuyo éxito
supuestamente era esencial para la seguridad nacional-, en el cual los
aspirantes fueron juzgados con base en su inclinación política, su
lealtad personal al presidente Bush y, con base en algunos informes,
sus opiniones sobre el caso Roe vs. Roe en vez de por su capacidad para
desempeñar el trabajo.
Hablando de Irak, no olvidemos la fallida reconstrucción de ese país:
la administración Bush entregó miles de millones de dólares en
contratos sin previa licitación a empresas que tenían conexiones
políticas, los cuales después no lograron cumplir.
¿Y por qué deberían haberse molestado en hacer su trabajo? Cualquier
funcionario gubernamental que intentara hacer valer la rendición de
cuentas sobre Halliburton, digamos, rápidamente descubría que su
carrera había sido descarrilada.
Hay mucho, mucho más. Con base en mi propio conteo, al menos seis
importantes dependencias gubernamentales experimentaron importantes
escándalos a lo largo de los últimos ocho años; en la mayoría de los
casos, estos escándalos nunca fueron investigados de manera apropiada.
Y después estuvo el mayor escándalo de todos: ¿acaso alguien duda con
seriedad que la administración Bush haya engañado deliberadamente a la
nación para que invadiera Irak?
¿Por qué, entonces, no habríamos de tener una averiguación oficial sobre abusos durante los años de Bush?
Una respuesta que se oye es que ir en pos de la verdad crearía
divisiones, que se exacerbaría el partidismo. Pero si el partidismo es
tan terrible, ¿acaso no debería haber alguna pena por la politización
de cada aspecto del gobierno por parte de la administración Bush?
De manera alternativa, nos dicen que no tenemos que atorarnos en los
abusos del pasado, ya que no los vamos a repetir. Sin embargo, ninguna
figura de importancia en la administración Bush, o entre los aliados
políticos de la Administración, ha expresado arrepentimiento por violar
la ley. ¿Qué les hace pensar a cualquiera que ellos o sus herederos
políticos no lo harán todo de nuevo, si se les da la oportunidad?
De hecho, ya vimos esta película. Durante los años de Reagan, los
conspiradores del caso Irán-contra violaron la Constitución de Estados
Unidos en nombre de la seguridad nacional.
Sin embargo, el primer presidente Bush indultó a los principales
malhechores, y, cuando la Casa Blanca finalmente cambió de manos, el
grupo dominante en política y medios de comunicación masiva le dio a
Bill Clinton el mismo consejo que le está dando a Obama: deja que los
escándalos latentes queden como están.
Seguro, la segunda administración Bush retomó justo donde se habían
quedado los conspiradores de Irán y la contra; lo cual no causa mucha
sorpresa si tenemos en cuenta que Bush de hecho contrató a algunos de
esos conspiradores.
Ahora bien, es cierto que una seria investigación de los abusos en la
era de Bush volvería a Washington un lugar incómodo, tanto para quienes
abusaron del poder como para quienes actuaron como sus procuradores o
apologistas. Y estas personas tienen muchos amigos. Sin embargo, el
precio de proteger su comodidad sería alto: si cubrimos
superficialmente los abusos de los ocho años pasados, garantizaríamos
que ocurran de nuevo.
En el ínterin y con respecto a Obama: si bien probablemente esté en sus
intereses en el corto plazo perdonar y olvidar, pasado mañana él va a
jurar "preservar, proteger y defender la Constitución de Estados
Unidos". Ese no es un juramento condicional que se debe honrar sólo
cuando resulta conveniente.
Además, con miras a defender la Constitución, un presidente debe hacer
más que obedecer él mismo la Constitución; debe llamar a rendir cuentas
a quienes violen la Constitución. Así que Obama debería reconsiderar lo
que al parecer es su decisión de permitir que la administración previa
escape a las consecuencias del crimen. Haciendo a un lado las
consecuencias, él no tiene derecho a tomar esa decisión.